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Este cuidado y vanguardista hotel, es uno de esos pequeños lujos escondidos por los pueblos españoles. Con una decoración que bascula entre la austeridad castellana y la sencillez escandinava, pero se atempera con las maderas y lencerías que decoran y en envuelven las estancias.

Las estancias comunes, como el comedor, zona de desayuno y mesas para tomar algo, se ubican alrededor de un patio central que la da mucha luminosidad y amplitud al conjunto.

El comedor, sin estar recargado, da una sensación templada y holgado. Muebles rústicos en colores suaves decorados con flores secas, se mezclan con enseres más modernos que juegan con iluminaciones propias.

Las habitaciones van en concordancia con el resto del hotel. Decoraciones suaves, nada recargadas, funcionales pero cuidadas. Las vigas en blanco dan a la estancias sensación de espaciosidad y los acabados en madera calidez.

Tanto las ventanas en la pared como en el techo la dan una gran luminosidad a la habitación.

El restaurante ofrece una variedad de platos y entrantes basados en la gastronomía local, con presentaciones cuidadas y elaboraciones muy adecuadas y correctas.Nosotros probamos rabo de toro y torreznos, todo muy bueno, tanto el guiso como el punto del torrezno.

 

 

 

 

 

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