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En la ruta Lebaniega, en el pueblo de Píasca, custodiada por sus vecinos, se encuentra esta auténtica joya del Románico español. Santa María de Píasca, destaca por su buen nivel de conservación así como por la calidad de las tallas de sus  arquivoltas, capiteles y sobre todo de sus canecillos.

Hasta nuestros días solo a llegado la iglesia, aunque antiguamente existía un conjunto monástico que se mantuvo hasta la desamortización de Mendizabal. Los orígenes de Santa María de Piasca habría que remontarlos a finales del siglo VIII o principios del IX. En el 941 y en un documento del propio cartulario del monasterio, aparece mencionada, al mando de la abadesa Aylo, una primera comunidad dúplice en Piasca conformada por 36 religiosas y un indeterminado número de monjes regidos por la Regla de San Fructuoso.

Presenta dicha iglesia tres naves -la central más alta y ancha- que desembocan en un crucero no marcado en planta pero sí en alzado que, tras los consiguientes tramos rectos presbiteriales, abren a una cabecera en origen triabsidal y que, en la actualidad, tan sólo ha conservado los tambores central y meridional ya que, en el siglo XV y debido a unas filtraciones de agua de la ladera contigua perfectamente documentadas, el ábside lateral norte hubo de ser derribado y sustituido por la actual sacristía.

La soberbia portada occidental, habilitada en un pequeño cuerpo en resalte respecto al hastial principal, fue realizada durante la perfectamente documentada intervención de 1172, presentando cinco arquivoltas ligeramente apuntadas que descansan alternativamente sobre columnas de fuste cilíndrico y columnillas entregas adosadas a las aristas salientes de los codillos.

Dichas arquivoltas, a excepción de la cuarta, presentan un interesantísimo repertorio decorativo, desplegando primera, tercera y quinta motivos vegetales; y la cuarta un variado muestrario figurativo en el que se identifican, entre otros temas, leones, parejas de músicos, cabezas humanas y animales, un guerrero portando lanza y escudo, etcétera.

En cuanto a los capiteles de la portada se refiere, rematados todos ellos en cimacios corridos de zarcillos ondulantes, fueron tallados en su lado izquierdo y por este orden de dentro a fuera: un encestado muy deteriorado, una escena de cetrería en la que un personaje a caballo entre entramados vegetales sostiene en su brazo un ave rapaz, dos dragones alados entre tallos, dos centauros enfrentados y, en el más externo del conjunto, un león y un basilisco que sobresalen también de un frondoso laberinto vegetal.

La puerta meridional, más sencilla, es conocida popularmente como «puerta del cuerno», probable deformación del término latino «cornu», que vendría a significar «lado».

El ábside principal, dividido en tres paños por dos gruesos contrafuertes estructurales, abre en el espacio central un gran ventanal apuntado y en derrame configurado por una arquivolta ornamental que descansa sobre dos columnas rematadas en otros tantos capiteles decorados con labor de cestería y con los recurrentes roleos en espiral.

En resumen, Santa María de Piasca es una parada obligatoria para disfrutar el Románico de Liebana, un lugar donde, sin prisas, disfrutar de esta gran joya de la arquitectura.

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